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Juego y funciones ejecutivas: lo que dice la evidencia científica

Juego y funciones ejecutivas: evidencia científica sobre las características del juego que favorecen su desarrollo

Juego y funciones ejecutivas: lo que dice la evidencia científica

La American Academy of Pediatrics y varios estudios recientes coinciden en una idea: el juego puede convertirse en una herramienta muy potente para favorecer el desarrollo de las funciones ejecutivas cuando reúne determinadas características.

En los últimos años se ha hablado mucho del valor del juego en el desarrollo infantil.

Sin embargo, cuando hablamos de funciones ejecutivas todavía surgen muchas preguntas.

¿Realmente jugar ayuda a desarrollarlas?

¿Todos los juegos producen los mismos beneficios?

¿O depende de cómo esté diseñado el juego y del papel que desempeña el adulto?

La evidencia científica publicada en los últimos años empieza a responder a estas preguntas con bastante claridad.

La American Academy of Pediatrics considera el juego un elemento esencial para un desarrollo saludable y llega incluso a recomendar que los profesionales sanitarios lo prescriban como parte del cuidado infantil. Otros estudios más recientes ayudan a comprender por qué ocurre y qué características comparten los programas de intervención que han obtenido mejores resultados.

En esta etrada no voy a reproducir los estudios originales. El objetivo es traducir esa evidencia científica a ideas prácticas que nos ayuden a elegir, adaptar o diseñar actividades con mayor criterio en la consulta, en el aula o en casa.

¿Qué  dice la American Academy of Pediatrics?

Pues se lanza un mensaje muy claro: el juego no es un lujo ni un simple entretenimiento. Es un elemento fundamental para el desarrollo infantil.

En su informe The Power of Play, reafirmado en 2025, explica que el juego favorece el desarrollo del lenguaje, las funciones ejecutivas, la autorregulación, las habilidades sociales y el bienestar emocional. Además, destaca que fortalece la relación entre el niño y el adulto y crea un contexto privilegiado para aprender, explorar y resolver problemas.

Por este motivo, recomienda que pediatras y otros profesionales de la infancia animen a las familias a reservar tiempo para jugar y, sobre todo, a participar activamente en ese juego.

Hay una idea del informe que merece la pena destacar.

El aprendizaje no depende únicamente del tiempo que un niño pasa jugando, sino también de la calidad de esa experiencia y de las interacciones que se producen durante el juego.

Y probablemente esa sea una de las claves para entender por qué algunos juegos ofrecen muchas más oportunidades de aprendizaje que otros.

 Beneficios del juego para el lenguaje, el desarrollo cognitivo, socioemocional y las funciones ejecutivas. 

En resumen:

La evidencia no nos dice que cualquier juego desarrolle las funciones ejecutivas. Nos dice que el juego puede convertirse en un contexto privilegiado para hacerlo cuando plantea retos, favorece la interacción y cuenta con la participación activa del adulto.

¿Por qué el juego favorece las funciones ejecutivas?

Si preguntáramos a un grupo de profesionales si el juego favorece el desarrollo infantil, probablemente la mayoría respondería que sí.

Sin embargo, una pregunta mucho más interesante es por qué ocurre.

La respuesta no está únicamente en que el juego sea divertido o motive al niño. La evidencia sugiere que los beneficios aparecen porque, durante el juego, el niño necesita poner en marcha de forma constante diferentes funciones ejecutivas.

Para poder jugar tiene que recordar reglas, controlar impulsos, mantener la atención, adaptarse cuando la situación cambia, tomar decisiones y resolver pequeños problemas. En otras palabras, el juego obliga al niño a utilizar las mismas habilidades cognitivas que queremos favorecer durante la intervención.

Los estudios más recientes coinciden en que no cualquier juego favorece las funciones ejecutivas de la misma manera. Los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados compartían una serie de características: planteaban retos cognitivos ajustados al nivel del niño, requerían una participación activa y estaban acompañados por un adulto que adaptaba la dificultad y favorecía la reflexión durante la actividad.

¿Qué pone en marcha un niño cuando juega?

Funciones ejecutivas que un niño utiliza durante el juego: control inhibitorio, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva, planificación y razonamiento.

El juego no desarrolla las funciones ejecutivas por el simple hecho de ser un juego. Las favorece cuando obliga al niño a utilizarlas para poder jugar.

 

¿Qué características comparten los juegos que mejor favorecen las funciones ejecutivas?

Los estudios revisados muestran una idea muy interesante: los beneficios no dependen tanto del tipo de juego como de las características que comparten los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados.

Aunque las actividades eran muy diferentes entre sí, la mayoría incorporaban varios elementos comunes que obligaban al niño a utilizar sus funciones ejecutivas de forma continuada.

En los estudios aparecen de forma repetida cinco características:

  • Reglas claras, que el niño debe recordar durante toda la actividad.

  • Retos adaptados y dificultad progresiva, para mantener un nivel adecuado de exigencia.

  • Cambios durante el juego, que obligan a modificar estrategias y adaptarse a nuevas situaciones.

  • Participación activa del adulto, que acompaña, plantea preguntas y ajusta la dificultad cuando es necesario.

  • Demandas cognitivas constantes, como recordar, planificar, inhibir respuestas o tomar decisiones para poder seguir jugando.



Entonces, ¿qué es lo que funciona?

Como logopedas utilizamos juegos prácticamente cada día.

Sin embargo, después de leer estos estudios quizá la pregunta ya no sea únicamente «¿es un juego motivador?», sino también:

  • ¿Obliga al niño a recordar información?

  • ¿Tiene reglas que mantener activas?

  • ¿Le exige cambiar de estrategia?

  • ¿Puedo adaptar la dificultad?

  • ¿Voy a acompañar el juego o simplemente observar?

La evidencia científica nos recuerda que el verdadero potencial del juego no está únicamente en que resulte divertido, sino en las oportunidades que ofrece para poner en marcha procesos cognitivos fundamentales para el aprendizaje.

Esa idea ha de cambiar la forma en que elegimos, adaptamos o diseñamos nuestras actividades en las sesiones.

En LOGOCUBE intentamos que nuestros materiales incorporen precisamente este tipo de situaciones: actividades con reglas claras, retos progresivos y oportunidades para que el niño recuerde, planifique, inhiba respuestas o adapte sus estrategias mientras juega.

Si quieres ver cómo aplicamos estos principios en la práctica, quizá te interese conocer: (Clica en los nombres)

  • Fonocube,  donde la progresión está cuidadosamente planificada, permitiendo avanzar desde habilidades más sencillas hasta otras de mayor complejidad sin perder la estructura del aprendizaje.

  • Memori-ON, diseñado para favorecer la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas mediante retos cognitivos, dificultad progresiva, cambios de estrategia, toma de decisiones y una participación activa del niño durante el juego.
  • S-Cube, que convierte el lenguaje y la lectura en una actividad de interacción constante, donde el niño necesita adaptarse, comunicar, escuchar y modificar sus respuestas mientras juega.


Al leer estos estudios no pude evitar sonreír. Todas las características que los investigadores describen coinciden con los principios que, desde hace años, incorporamos al diseñar nuestros materiales.

Preguntas frecuentes sobre juego y funciones ejecutivas

 

¿El juego ayuda a desarrollar las funciones ejecutivas?

La evidencia científica indica que el juego puede favorecer el desarrollo de las funciones ejecutivas cuando exige al niño recordar información, controlar impulsos, adaptarse a cambios y resolver pequeños problemas.

¿Todos los juegos favorecen las funciones ejecutivas de la misma manera?

No. Los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados compartían características como reglas claras, dificultad progresiva, cambios durante la actividad, participación activa del adulto y demandas cognitivas constantes.

¿Qué funciones ejecutivas utiliza un niño mientras juega?

Dependiendo del juego, el niño puede poner en marcha la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la planificación, entre otros procesos.

¿Qué papel tiene el adulto durante el juego?

Los estudios revisados destacan la participación de un adulto que acompaña la actividad, plantea preguntas, ajusta la dificultad y favorece la reflexión cuando es necesario.

¿Qué características debe tener un juego para favorecer las funciones ejecutivas?

Más que identificar un juego concreto como el mejor, los estudios describen características comunes en los programas con mejores resultados: reglas claras, retos ajustados, dificultad progresiva, cambios que requieren adaptar estrategias, demandas cognitivas y participación activa del adulto.

 

Bibliografía

Yogman, M., Garner, A., Hutchinson, J., Hirsh-Pasek, K., & Golinkoff, R. M. (2018). The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Pediatrics, 142(3), e20182058. (Clinical Report reafirmado por la American Academy of Pediatrics en 2025).

Rosas, R., Espinoza, V., Porflitt, F., & Ceric, F. (2019). Executive Functions Can Be Improved in Preschoolers Through Systematic Playing in Educational Settings: Evidence From a Longitudinal Study. Frontiers in Psychology, 10, 2024.

Zhao, T., Luan, J., Dan, F., Chang, X., & Cong, L. (2026). The effect of child-appropriate play with various types on preschoolers’ executive function. Acta Psychologica, 262, 106022. 

 

Juego y funciones ejecutivas: lo que dice la evidencia científica

Juego y funciones ejecutivas: evidencia científica sobre las características del juego que favorecen su desarrollo

Juego y funciones ejecutivas: lo que dice la evidencia científica

La American Academy of Pediatrics y varios estudios recientes coinciden en una idea: el juego puede convertirse en una herramienta muy potente para favorecer el desarrollo de las funciones ejecutivas cuando reúne determinadas características.

En los últimos años se ha hablado mucho del valor del juego en el desarrollo infantil.

Sin embargo, cuando hablamos de funciones ejecutivas todavía surgen muchas preguntas.

¿Realmente jugar ayuda a desarrollarlas?

¿Todos los juegos producen los mismos beneficios?

¿O depende de cómo esté diseñado el juego y del papel que desempeña el adulto?

La evidencia científica publicada en los últimos años empieza a responder a estas preguntas con bastante claridad.

La American Academy of Pediatrics considera el juego un elemento esencial para un desarrollo saludable y llega incluso a recomendar que los profesionales sanitarios lo prescriban como parte del cuidado infantil. Otros estudios más recientes ayudan a comprender por qué ocurre y qué características comparten los programas de intervención que han obtenido mejores resultados.

En esta etrada no voy a reproducir los estudios originales. El objetivo es traducir esa evidencia científica a ideas prácticas que nos ayuden a elegir, adaptar o diseñar actividades con mayor criterio en la consulta, en el aula o en casa.

¿Qué  dice la American Academy of Pediatrics?

Pues se lanza un mensaje muy claro: el juego no es un lujo ni un simple entretenimiento. Es un elemento fundamental para el desarrollo infantil.

En su informe The Power of Play, reafirmado en 2025, explica que el juego favorece el desarrollo del lenguaje, las funciones ejecutivas, la autorregulación, las habilidades sociales y el bienestar emocional. Además, destaca que fortalece la relación entre el niño y el adulto y crea un contexto privilegiado para aprender, explorar y resolver problemas.

Por este motivo, recomienda que pediatras y otros profesionales de la infancia animen a las familias a reservar tiempo para jugar y, sobre todo, a participar activamente en ese juego.

Hay una idea del informe que merece la pena destacar.

El aprendizaje no depende únicamente del tiempo que un niño pasa jugando, sino también de la calidad de esa experiencia y de las interacciones que se producen durante el juego.

Y probablemente esa sea una de las claves para entender por qué algunos juegos ofrecen muchas más oportunidades de aprendizaje que otros.

 Beneficios del juego para el lenguaje, el desarrollo cognitivo, socioemocional y las funciones ejecutivas. 

En resumen:

La evidencia no nos dice que cualquier juego desarrolle las funciones ejecutivas. Nos dice que el juego puede convertirse en un contexto privilegiado para hacerlo cuando plantea retos, favorece la interacción y cuenta con la participación activa del adulto.

¿Por qué el juego favorece las funciones ejecutivas?

Si preguntáramos a un grupo de profesionales si el juego favorece el desarrollo infantil, probablemente la mayoría respondería que sí.

Sin embargo, una pregunta mucho más interesante es por qué ocurre.

La respuesta no está únicamente en que el juego sea divertido o motive al niño. La evidencia sugiere que los beneficios aparecen porque, durante el juego, el niño necesita poner en marcha de forma constante diferentes funciones ejecutivas.

Para poder jugar tiene que recordar reglas, controlar impulsos, mantener la atención, adaptarse cuando la situación cambia, tomar decisiones y resolver pequeños problemas. En otras palabras, el juego obliga al niño a utilizar las mismas habilidades cognitivas que queremos favorecer durante la intervención.

Los estudios más recientes coinciden en que no cualquier juego favorece las funciones ejecutivas de la misma manera. Los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados compartían una serie de características: planteaban retos cognitivos ajustados al nivel del niño, requerían una participación activa y estaban acompañados por un adulto que adaptaba la dificultad y favorecía la reflexión durante la actividad.

¿Qué pone en marcha un niño cuando juega?

Funciones ejecutivas que un niño utiliza durante el juego: control inhibitorio, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva, planificación y razonamiento.

El juego no desarrolla las funciones ejecutivas por el simple hecho de ser un juego. Las favorece cuando obliga al niño a utilizarlas para poder jugar.

 

¿Qué características comparten los juegos que mejor favorecen las funciones ejecutivas?

Los estudios revisados muestran una idea muy interesante: los beneficios no dependen tanto del tipo de juego como de las características que comparten los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados.

Aunque las actividades eran muy diferentes entre sí, la mayoría incorporaban varios elementos comunes que obligaban al niño a utilizar sus funciones ejecutivas de forma continuada.

En los estudios aparecen de forma repetida cinco características:

  • Reglas claras, que el niño debe recordar durante toda la actividad.

  • Retos adaptados y dificultad progresiva, para mantener un nivel adecuado de exigencia.

  • Cambios durante el juego, que obligan a modificar estrategias y adaptarse a nuevas situaciones.

  • Participación activa del adulto, que acompaña, plantea preguntas y ajusta la dificultad cuando es necesario.

  • Demandas cognitivas constantes, como recordar, planificar, inhibir respuestas o tomar decisiones para poder seguir jugando.



Entonces, ¿qué es lo que funciona?

Como logopedas utilizamos juegos prácticamente cada día.

Sin embargo, después de leer estos estudios quizá la pregunta ya no sea únicamente «¿es un juego motivador?», sino también:

  • ¿Obliga al niño a recordar información?

  • ¿Tiene reglas que mantener activas?

  • ¿Le exige cambiar de estrategia?

  • ¿Puedo adaptar la dificultad?

  • ¿Voy a acompañar el juego o simplemente observar?

La evidencia científica nos recuerda que el verdadero potencial del juego no está únicamente en que resulte divertido, sino en las oportunidades que ofrece para poner en marcha procesos cognitivos fundamentales para el aprendizaje.

Esa idea ha de cambiar la forma en que elegimos, adaptamos o diseñamos nuestras actividades en las sesiones.

En LOGOCUBE intentamos que nuestros materiales incorporen precisamente este tipo de situaciones: actividades con reglas claras, retos progresivos y oportunidades para que el niño recuerde, planifique, inhiba respuestas o adapte sus estrategias mientras juega.

Si quieres ver cómo aplicamos estos principios en la práctica, quizá te interese conocer: (Clica en los nombres)

  • Fonocube,  donde la progresión está cuidadosamente planificada, permitiendo avanzar desde habilidades más sencillas hasta otras de mayor complejidad sin perder la estructura del aprendizaje.

  • Memori-ON, diseñado para favorecer la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas mediante retos cognitivos, dificultad progresiva, cambios de estrategia, toma de decisiones y una participación activa del niño durante el juego.
  • S-Cube, que convierte el lenguaje y la lectura en una actividad de interacción constante, donde el niño necesita adaptarse, comunicar, escuchar y modificar sus respuestas mientras juega.


Al leer estos estudios no pude evitar sonreír. Todas las características que los investigadores describen coinciden con los principios que, desde hace años, incorporamos al diseñar nuestros materiales.

Preguntas frecuentes sobre juego y funciones ejecutivas

 

¿El juego ayuda a desarrollar las funciones ejecutivas?

La evidencia científica indica que el juego puede favorecer el desarrollo de las funciones ejecutivas cuando exige al niño recordar información, controlar impulsos, adaptarse a cambios y resolver pequeños problemas.

¿Todos los juegos favorecen las funciones ejecutivas de la misma manera?

No. Los programas de intervención que obtuvieron mejores resultados compartían características como reglas claras, dificultad progresiva, cambios durante la actividad, participación activa del adulto y demandas cognitivas constantes.

¿Qué funciones ejecutivas utiliza un niño mientras juega?

Dependiendo del juego, el niño puede poner en marcha la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la planificación, entre otros procesos.

¿Qué papel tiene el adulto durante el juego?

Los estudios revisados destacan la participación de un adulto que acompaña la actividad, plantea preguntas, ajusta la dificultad y favorece la reflexión cuando es necesario.

¿Qué características debe tener un juego para favorecer las funciones ejecutivas?

Más que identificar un juego concreto como el mejor, los estudios describen características comunes en los programas con mejores resultados: reglas claras, retos ajustados, dificultad progresiva, cambios que requieren adaptar estrategias, demandas cognitivas y participación activa del adulto.

 

Bibliografía

Yogman, M., Garner, A., Hutchinson, J., Hirsh-Pasek, K., & Golinkoff, R. M. (2018). The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Pediatrics, 142(3), e20182058. (Clinical Report reafirmado por la American Academy of Pediatrics en 2025).

Rosas, R., Espinoza, V., Porflitt, F., & Ceric, F. (2019). Executive Functions Can Be Improved in Preschoolers Through Systematic Playing in Educational Settings: Evidence From a Longitudinal Study. Frontiers in Psychology, 10, 2024.

Zhao, T., Luan, J., Dan, F., Chang, X., & Cong, L. (2026). The effect of child-appropriate play with various types on preschoolers’ executive function. Acta Psychologica, 262, 106022. 

 

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